Cofradía del Carmen y su Historia

A fines del siglo XVI surge la devoción de la Virgen del Carmen en Chile de la mano de los padres Agustinos. Ellos formaron la primera Cofradía del Carmen y propulsaron su devoción, que un siglo más tarde quedaría en manos de las Carmelitas Descalzas.

La devoción del escapulario del Carmen llegó a Chile en tiempos de la conquista. Se formó una asociación llamada Cofradía Nacional del Carmen en Concepción, hace más de tres siglos la que, posteriormente, se estableció en Santiago el año 1643.

En el siglo XIX la Virgen del Carmen fue convocada por el pueblo chileno, tanto en los albores de su independencia, como en el transcurso histórico de ese siglo, que culminó con el templo votivo de Maipú, construido en agradecimiento por el voto de los Padres de la Patria.

Hasta 1858 sólo existía una rama masculina de la Cofradía. Ese año se vio la necesidad de que fueran mujeres quienes se encargaran de la atención y ornato personal de la imagen de la Virgen. Así nacieron las Camareras. Ese mismo año (1858) fueron aprobados los primeros estatutos de la Cofradía del Carmen por el obispo D. Rafael Valentín Valdivieso. La Cofradía comenzó a ser dirigida por mayordomos "elegidos en sesión solemne presidida por el Padre Prior, el Cura de la Parroquia y el Representante del Gobernador del Obispado".

Hacia fines del siglo XVII, llegaron a Chile las primeras religiosas carmelitas traídas por Fray Juan de la Concepción, carmelita portugués que misionaba en América. La llegada de dichas religiosas a Chile, aún cuando observaran una severa clausura, contribuyó a la propagación y fortalecimiento de la devoción carmelitana en el país, logrando en 5 años veintiuna vocaciones de jóvenes en Santiago. También ellas, con licencia del obispo, establecieron una Cofradía, la cual tuvo gran aceptación entre los habitantes de Santiago, quienes se inscribían imponiéndoseles el escapulario y comprometiéndose "a cumplir con ciertos requisitos de oración y ayunos".

La devoción a la Virgen del Carmen fue creciendo en amor y agradecimiento en el pueblo chileno. Por eso se la coronó como Reina y Patrona de Chile el 19 de diciembre de 1926.